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Comunidades Conectadas


2 September 2020


Estimada lectora, estimado lector, cierre sus ojos por un momento y vuelva en su imaginación a su vida de hace algunos meses atrás, digamos seis. Independientemente de si usted vive en un medio rural o en un espacio urbano, seguramente su entorno estaba atravesado por algún tipo novedoso de tecnología. Ahora por favor, abra sus ojos. El tiempo parece haberse adelantado rápidamente en términos de uso tecnológico, ¿verdad? Incluso más allá del presente.

Según proyecciones de la ONU (2018), la población residente en áreas urbanas alcanzará el 68% de la población mundial, ya que habrá sumado 2.500 millones de personas en todo el mundo en 2050.

Para ir más profundo en el tema de la transformación digital y su impacto en las comunidades conectadas o ciudades inteligentes, conversé con Pelayo Covarrubias, Presidente del Directorio de la Fundación País Digital y Director de Relaciones Institucionales de la Universidad del Desarrollo de Chile.

La pandemia de COVID-19 nos ha impulsado a la adopción tecnológica de forma exponencial. En Palabras de Covarrubias, “Este laboratorio COVID_19 nos ha enseñado a todos a usar y valorar la tecnología: desde la primera infancia hasta los adultos mayores asumimos la continuidad de nuestras actividades de forma digital. La tecnología ha tenido relevancia en la administración de esta pandemia y luego en la administración social y económica. Sin duda las telecomunicaciones juegan un rol fundamental y ha sido sumamente importante que hayamos podido mantener, a través de ellas, el teletrabajo, la asistencia médica, la educación y sobre todo, las relaciones con nuestros afectos, imposibilitadas de encuentro físico cercano”.

Hoy día la transformación digital no solamente habla del negocio sino también de la sociedad y cómo la llevamos. Esto incluye a las ciudades, impulsadas a actualizarse con relación a la nueva revolución industrial donde el dato y la información que él contiene, son el centro y comportan el mayor valor a proteger.

Detengámonos un momento, y con los datos como centro, repensemos la ciudad a partir de ellos, proyectemos que su uso esté basado en un principio fundamental y diferenciador.

 

Juan Marino: Recientemente, País Digital y Cisco realizaron un estudio que indica el estado de madurez tecnológica en las distintas regiones de Chile ¿Cuáles son algunas de las conclusiones más relevantes que se extrajeron del estudio?

Pelayo Covarrubias: El estudio Digital Readiness Chile, 2019, nos trajo tremendas informaciones para entender cómo estamos en el interior de Chile y cómo estamos en relación a Latinoamérica. Probablemente, si miramos la región, en general somos un continente de followers, no hemos sido líderes en relación al desarrollo digital, más bien hemos ido a buscar tecnología en los países desarrollados y la hemos adoptado, no hemos sido grandes desarrolladores. Eso nos dejó como latinoamericanos, naturalmente, bastante atrás en la primera, segunda y tercera revolución industrial. Entonces, una de las cosas que hemos empujado desde País Digital es que no pase lo mismo en la cuarta. El estudio hace mucho sentido porque nos ayuda a entender qué tenemos que hacer al interior de Chile para poder llegar al nivel superior o nivel amplificado, además nos trajo muy interesantes noticias: la primera es entender que no solo se trata de infraestructura tecnológica, sino de otras variables incluidas en el análisis, como por ejemplo, la adopción tecnológica, es decir cómo adoptamos cada uno la tecnología y cómo la usamos de manera correcta.

En Chile, por ejemplo, el 95% de la gente ocupa el teléfono celular para uso de las redes sociales. Lo que sería muy bueno que suceda es que también lo utilice para hacer e-commerce, banca electrónica o para tener trámites digitales con el Estado. Es decir, que se ocupe no solamente bajo una lógica de consumo social sino también bajo una lógica productiva, eso nos generaría un salto cualitativo. Luego también el índice se adentra en el análisis del capital humano; no es lo mismo residir en una ciudad como Santiago que en una región rural, eso influye muchísimo en el capital humano, la adopción tecnológica y su uso. Lo mismo con las necesidades básicas, el índice las toma y las analiza: redes de agua potable, energía, alcantarillado, y me pregunto ¿y la internet?, en esta época de pandemia, ¿no debería considerarse una necesidad básica? Una persona que está conectada versus aquel que no lo está, produce una brecha digital infinita. Esos son elementos que el estudio nos trajo y que nos permite orientar el trabajo de las políticas públicas para producir el acercamiento.

 

Juan Marino: Saber dónde estamos parados y también observar que no estamos quietos, que nos estamos moviendo hacia el progreso. Tengo la sensación de que eres un convencido que se puede generar una adopción correcta de las tecnologías y se puede posicionar a Chile mucho más adelante a fuerza de una buena concientización y un trabajo sistémico.

Pelayo Covarrubias: Sin dudas, pero tenemos que darle urgencia no solo en Chile sino también en Latinoamérica. Esto se trata de transformación cultural, no solo de tecnología. La sensación de urgencia es un tema que estoy viendo con preocupación. Creo que en la medida en que nosotros vayamos teniendo una forma de pensar distinta es que tenemos la posibilidad de saltar ciertas etapas y llegar a ser países desarrollados. Tenemos que darle mucha importancia a empujar con mayor urgencia la necesidad de esta cultura digital como una forma de producir la transformación, en foros particulares como este y, sobre todo, en foros nacionales.

 

Juan Marino: ¿Podemos considerar a la ciudad conectada como una infraestructura crítica? ¿Qué particularidades tiene Chile con relación a la región?

Pelayo Covarrubias:  España cuenta con movilidad y redes fijas ambas a 100%. La matriz de conectividad es totalmente distinta a la nuestra. En el caso chileno, estamos muy bien en lo que es movilidad, casi el 100% de los chilenos tienen smartphones y conectividad e internet inalámbrica mayormente 4G. Sin embargo, esta respuesta no es todo lo que necesita el país para dar el salto productivo. Hoy el 54% de los hogares tienen conectividad fija, por lo tanto, necesitamos pasar del 54% al 100% como lo hicieron España o Japón. A esta situación hay que sumarle las características geográficas del país con sus distintas regiones y la densidad geográfica de cada zona. Las personas mayoritariamente conectadas están en la ciudad, aquí se nos presenta una brecha entre lo rural y lo urbano, eternamente mal distribuido. Otro punto relevante es que, a mayor edad, menor uso de internet. También tenemos problemas educacionales: hemos visto que a menor nivel educacional, es menor el uso de internet, eso es preocupante porque hace que la brecha se extienda. No he nombrado aún la variable económica porque creo que aún más importantes que ella son la educacional, la geográfica y la etaria, luego viene para mí la económica porque hoy en día Chile es un país muy competitivo, tiene uno de los costos de infraestructura más baratos del mundo en banda ancha y banda móvil. Por lo tanto, más que el tema socio económico, son importantes los temas culturales y sobre todo educacionales. Y te lo reflejo en lo siguiente. Con respecto a Internet, el 100% usa redes sociales, el 30% lo utiliza para educación, solamente el 26% hace trámites digitales con el Estado, y el 25% realiza trámites digitales con la banca. Por lo tanto, estamos obligando a los adultos mayores, a los más pobres y menos educados a hacer las actividades presenciales, y esto está produciendo las brechas que estamos conversando. Por eso, en la lógica de las infraestructuras críticas, empujamos con tanta fuerza la mirada de ir conectando con capacidades de red fija de forma que les permita trabajar a las PyMEs, desarrollarse a los adultos mayores, y educarse a los niños.

 

Juan Marino: No solo es cuestión de más tecnología sino también de cómo la adoptamos y la usamos. Te he escuchado hablar sobre la importancia de la institucionalidad. Creo que en ese sentido hay mucho camino por recorrer. Es necesaria más interconexión, sobre todo en cuestiones de infraestructuras críticas. Es importante y necesaria la coordinación a nivel país y a nivel internacional. La intención está y el tema está planteado, pero hay mucho por trabajar conjuntamente entre el sector público y privado.

Pelayo Covarrubias:  Yo creo algo muy parecido. La sensación de urgencia vuelve. Debiésemos estar mucho más avanzados de lo que estamos. No me cabe duda de que en el mundo de la ciberseguridad la institucionalidad debería estar creando proyectos para empujar y no solo para defender. Debemos fomentar, a partir de la institucionalidad, proyectos que hoy día no estamos realizando. Fuimos avanzando, sí. Desde País Digital, para darte un ejemplo, estamos empujando desde 2015 y hasta 2020 un proyecto que se llama 100% Trámites Digitalizados. Pues bien, estamos solamente en el 54%, por lo tanto, no cumplimos nuestra meta. Eso a mí naturalmente no me gusta, porque es ver el vaso medio vacío. Si lo veo medio lleno, destaco que avanzamos sobre lo que no había, un 54%, alguien podría decir, vamos bien, y hemos sacado leyes de tramitación digital muy importantes. Hoy día el Estado chileno es digital por defecto, lo que me parece muy interesante en el mecanismo, pero tenemos que empujarlo con mucha más fuerza. Porque la cultura de los países que están liderando en la materia es una cultura digital, entonces avanzan mucho más rápido, ellos ya están en la Inteligencia Artificial, están en la frontera de los datos. Estamos en discusiones muy distintas entre naciones, y eso es un tema que me preocupa.

 

Juan Marino: Me pregunto si en términos de educación estamos haciendo las cosas que hay que hacer, o las que podemos hacer. A nivel personal, siento que el modelo educativo en general es arcaico, y más ahora, con esta situación de pandemia quedó claro que cuando queremos hacer remoto el sistema de educación es algo así como querer meter un círculo dentro de un cuadrado. ¿Cómo lo ves? ¿Crees que la pandemia nos va a llevar a cambios drásticos por ejemplo en educación?

Pelayo Covarrubias:  Creo que hay que diferenciar ciertos temas. En el ámbito educativo, durante la pandemia todos tuvimos que subirnos a las plataformas por un tema de motivación de vida, para continuar nuestras actividades. Las plataformas de colaboración como Webex y otras tuvieron un crecimiento de uso exponencial. Sin embargo, las clases a distancias no son iguales que las presenciales, por lo tanto, la pedagogía se quedó atrás. La pedagogía digital nos presenta un desafío. Qué vimos: que el nivel de aprendizaje que nuestros alumnos tienen a distancia es menor que el nivel de aprendizaje que tienen de manera presencial. Aquí debemos diferenciar por tipo de materias, si pensamos en materias “duras”, como las matemáticas, por ejemplo, veremos que perfectamente pueden ser enseñadas a distancia y seguramente van a tener un cierto nivel de cumplimiento de los principios básicos que están detrás de ellas. En cambio, si miramos aquellas disciplinas que buscan enseñar a trabajar en equipo, a fortalecer los recursos de comunicación, a lograr un pensamiento crítico, que son habilidades más blandas, el trabajo a distancia se hace muy complejo. El ser humano nace y comienza a aprender, la tecnología entrega más herramientas para que pueda aprender aún más y mejor. Tenemos que aprender en primer lugar sobre pedagogía digital, es decir, lo que implica enseñar a distancia y cómo hacerlo, luego, que naturalmente hay habilidades que son distintas desde el mundo presencial al mundo digital. Nunca habíamos tenido un laboratorio a nivel mundial como el que nos trajo la pandemia de COVID-19, que está dejando grandes aprendizajes. Seguramente uno de ellos será determinar qué actividades estarán destinadas a cubrirse a distancia y cuáles de forma presencial.

 

Juan Marino: ¿Vamos a ir a un modelo híbrido?

Pelayo Covarrubias: Sin dudas, blended total. Se va redefinir la forma de enseñanza que hemos vivido hasta hoy.

 

Juan Marino:  Me gustaría saber si estás viendo que las instituciones están prestando atención al tema de la ciberseguridad, si se están dando los pasos suficientes para proteger a los Estados de la región y sus infraestructuras críticas.

Pelayo Covarrubias: Producto del coronavirus, las empresas comenzaron a repensar sus negocios. Hace diez años venimos empujando a las empresas a re imaginar sus operaciones de cara a la transformación digital. Veamos el e-commerce: en EEUU se esperaba que alcanzara un 25% en 2025, sin embargo, producto de la pandemia creció al 40%. La motivación del uso no vino de la tecnología ni de la cultura, sino de la urgencia, porque no se podía hacer de otra manera. Mi sensación es que no ha habido preocupación por el tema de la ciberseguridad, ni a nivel público ni privado hasta ahora. Lo que le ha pasado al mundo es que ha tenido que sentir la amenaza para reaccionar. Hoy día sí, ya que estamos conviviendo con la amenaza, las empresas se están re imaginando su lógica empresarial a partir de un mundo digital, están re imaginando sus organizaciones a partir del teletrabajo y sus modelos de negocio a partir de lo que están viviendo. Desde aquí es que están incluyendo la ciberseguridad como un elemento, pero es preciso que lo vean de manera transversal. Queda mucho trabajo por hacer porque hay que ir cambiando la cultura hacia una civilización digital.

 

Juan Marino:   Para terminar: ¿cuál es tu anhelo en los próximos años?

Pelayo Covarrubias: Me encantaría que en Latinoamérica nos apeguemos más al mundo de la ciencia. Que creamos en nuestras capacidades, producir tecnología y transferirla al mundo.

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