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Aterrizando entre nubes – Parte 2

No creo que sea casualidad que el gran interés por la computación en la nube lo comenzamos a ver en 2009, justo cuando el mundo se encontraba en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de 1929. Como lo comenté en mi artículo anterior, la computación en la nube llegó para quedarse, y considero que la principal razón de este cambio de paradigma, está relacionada con el impacto económico para las empresas y la sociedad en general.

Desde el punto de vista económico hay tres ventajas importantes que resaltan en un modelo de computación en la nube y que garantizarán su crecimiento:

–        Las economías de escala

–        La focalización en el negocio principal de cada organización

–        La democratización de los recursos de TI para organizaciones de múltiples tamaños. Este último punto, lo podríamos llamar también la disminución de las barreras de entrada para acceder a recursos y sistemas de TI.

En su libro “Big Switch”, Nicholas Carr  menciona las fuertes similitudes que hay  entre las tecnologías de información y los sistemas eléctricos. Ambos forman parte de lo que los economistas llaman tecnologías de propósito general -GPT por sus siglas en inglés- y que más que herramientas discretas son una plataforma que muchas aplicaciones pueden aprovechar.

Así como la energía eléctrica puede energizar desde una tostadora hasta un robot industrial;  un sistema de información puede soportar múltiples tipos de aplicaciones personales o empresariales según el segmento vertical en el que se utilicen. Una característica de las GPT es que si se logra consolidar su oferta, es posible generar y aprovechar múltiples economías de escala.

Hoy parece casi natural que la energía eléctrica sea un servicio público. Sin embargo, cuando Thomas Edison ideó los primeros sistemas eléctricos, era muy difícil pensar en consolidar la oferta y ver la electricidad como un servicio.  Había dos grandes barreras que lo impedían:

  • La barrera tecnológica consistía en que los primeros sistemas creados por Edison utilizaban corriente continua (DC) en lugar de corriente alterna (AC). Esto hacía que las pérdidas con la distancia fueran muy grandes y por tanto se pensara en sistemas privados de generación de energía con muy poco alcance geográfico.
  • La barrera cultural tenía que ver con que después de la revolución industrial, las empresas estaban acostumbradas a construir sus propios sistemas de generación de energía. Muchas veces la ventaja competitiva de una empresa sobre la otra consistía en quien podía generar más energía y por tanto maximizar su producción industrial.[1]

Menciona Carr en su libro, que un visionario inglés llamado Samuel Insull, convencido del potencial de cambiar la economía y la sociedad, aceptó el reto de ser el presidente de la Chicago Edison Company para ofrecer energía eléctrica de forma masiva en la ciudad de Chicago.

Para sobrepasar los problemas tecnológicos que impedían la consolidación de la oferta , promovió el uso de corriente alterna (AC) que había inventado el serbio Nikola Tesla y no tenía mucha aplicación comercial en su momento. De hecho tenía múltiples detractores, incluido el propio Thomas Edison.

Con la posibilidad de llegar a distancias mayores y el uso de generadores eléctricos más potentes,  comenzó a tener ventajas de escala que ningún otro de sus competidores tenía. Esto le permitió dar el paso para promover el cambio cultural que hacía falta para consolidar su apuesta: Economía.

Las personas y empresas comenzaron a entender las ventajas de un modelo de negocio que permitía contar con los beneficios de la energía eléctrica a precios comparativos muy favorables. Esto permitió que la Chicago Edison Company tuviera cada vez más usuarios que a su vez le permitían generar mayores economías de escala. Se entró en un círculo virtuoso que finalmente permitió que la energía eléctrica fuera utilizada como servicio público en la ciudad de Chicago durante los primeros años del siglo XX.

Este es un ejemplo más de que la tecnología puede cambiar una economía y transformar una sociedad y su cultura. Cuando hablemos entonces de las grandes ventajas económicas que trae la computación en la nube, no debemos pensar solamente en el ahorro de costos que puede traer a las empresas. Pensemos también en las nuevas formas de hacer las cosas que esta plataforma posibilita. La elasticidad de la nube facilita que en lugar de ejecutar una tarea por 1,000 horas con un procesador, utilicemos 1,000 procesadores por 1 hora para llegar a un resultado equivalente[2].

La computación en la nube permite hacer las cosas de una forma diferente y propicia la innovación.  Quizás el ejemplo más claro que he visto en este sentido lo presentó Rolf Harms en el evento de Cloud Connect 2012 en Santa Clara, California, EE.UU. El Centro de apoyo a emprendimientos de la Universidad de New Hampshire[3], ha reducido en más de un 38% el tamaño promedio de cada inversión entre 2002 y 2010, mientras que el número de emprendimientos soportados creció en más de un 72%.

Este crecimiento se explica por la reducción de la inversión inicial para comenzar un emprendimiento y su consecuente disminución de riesgos. Al no tener que hacer inversiones tan altas, el temor al fracaso se disminuye y permite que haya una mayor experimentación e innovación.

La propuesta entonces es a innovar y profundizar más en las posibilidades que la computación en la nube abre. El primer cambio de actitud que permitirá este cambio será dejar los fundamentalismos. La computación en la nube no es todo o nada, no es blanco o negro, sino es un matiz infinito de grises, como los grises que las nubes del cielo nos presentan. Y sobre estos grises esperamos desarrollar la siguiente parte de este artículo.

Fernando Rodriguez M.
Virtualization Business Development Mgr
www.twitter.com/FdoRodriguezM


[1] En este sentido recomiendo leer el capitulo I del libro “Big Switch” donde su autor analiza el caso de Henry Burden y su empresa Burden Iron Works en 1851.

[2] Rolf Harms, Director of Corporate Stratgy in Microsoft, during his presentation in Cloud Connect 2012 Santa Clara

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Fernando Rodriguez Martinez

Fernando Rodríguez trabaja en Cisco como el Gerente de Alianzas de Virtualización y Nube para la arquitectura de Virtualización y Cloud Computing para la región de Multi Country Operation (MCO) conformada por Argentina, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay. Antes de asumir su actual posición, Fernando trabajó como Gerente de Desarrollo de Data Center para la región de CANSAC (Centro América, Norte de Suramérica y Caribe).

Fernando ha trabajado en Cisco por más de trece años, en donde ha desempeñado diferentes posiciones como Gerente de ingeniería de Cisco para Colombia y desarrollo preventa enfocado en los segmentos corporativo, gobierno y PYMEs. Posee actualmente reconocidas certificaciones de industria como CCIE (Cisco Certified Internetwork Expert), CISSP (Certified Information Systems Security Professional) y CCSK (Certified Cloud Security Knowledge). Previo a su entrada a Cisco, Fernando trabajó en Lucent Technologies como soporte regional para tecnologías de conectividad estructurada e inalámbrica.

Fernando Rodríguez es Ingeniero Electrónico de la Universidad Javeriana de Colombia y tiene una Maestría en Administración de empresas (MBA) del Instituto de Alta Dirección de Empresas (INALDE) de la Universidad de la Sabana en Bogotá. Es casado y tiene 2 hijos.